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¡Huye de mi!
¡Mis diablos andan sueltos esta noche!
¡No te acerques!
Mis fuegos caprichosos
Y el ron
Te quemarán la sangre.
Y en la pira del amor,
Besadas por las llamas rojiazules,
Crepitarán tus ansias con las mías.
Yo te quería así, ardiente, y con esa sonrisa
De amorosa crueldad, como esta noche.
Anhelaba algún ritmo de tambores
Bajo las constelaciones de los Trópicos,
Un rugido de leones a lo lejos,
Allá, entre las palmeras,
Y los versos de aquel poeta maldito,
En los primeros paralelos, por la Guayra
Después vendrá el silencio
En la noche sin fondo de tus ojos,
En la ausencia final
Y el paroxismo.
Muere un verso nonato
En mi sumida frente,
Y una frustrada caricia en el temblor
De mis manos, que golpean
Hechas pezuñas de fauno.
A lo lejos se arrullan las panteras,
Y el ron me llama,
Y me llama el tambor de Barlovento...
¡Huye!...¡Huye de mí!
¡Todos mis diablos andan sueltos esta noche!
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